TANGO DE LA BARCELONETA
Cuando me colgaste
se me habían acabado las palabras.
No tuviste tiempo de decir adiós.
Ni un impulso, ni un rechazo,
un rebote en la línea. Punto.
Partida en blanco.
Concluyente, contundente y coherente,
reiterada rima falsa,
"tú tienes una manera de querer que me hace daño",
un bolero, una broma, que se convierte en tango.
Y yo, misántropo de salón,
dando tumbos,
sin ver los ojos azules saltar por la ventana,
sin ver el bisturí con el que me autolesionaba.
Sin ver el fin de los buenos tiempos,
de los manjares
y del amor con Satie en la media tarde.
Vuelvo a la calle como un perro sin amo.
Lejos de Cerdanyola,
el mar me ha estropeado los zapatos.
David Castillo
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